imagen de instrumentos.

El instrumento musical; objeto artesanal.

Así como el cántaro es un objeto de alfarería fabricado para cumplir con la función de conservar o transportar un líquido, el instrumento musical es un objeto producido para que un músico emita sonidos que solos o en conjunción con otros instrumentos o con la voz humana, permitan cultivar el arte de la música. El instrumento musical es precisamente eso, es decir, un instrumento o medio para realizar algo, no un fin en sí mismo.

Ciertamente, muchos instrumentos son fabricados más o menos en serie y por procesos más o menos industriales; y buena cantidad de los utilizados en México son importados, por ejemplo, la mayoría de los instrumentos de viento utilizados en las bandas de comunidades indígenas, trompetas, trombones clarinetes, saxofones, tubas, son adquiridos en los grandes almacenes de la ciudad de México, instrumentos que, a su vez, son importados de Alemania, Estados Unidos y Japón. Pero nuestros músicos populares, los de las comunidades indígenas y las rancherías, a menudo fabrican sus propios instrumentos o hay fabricantes que los surten, se hacen en pequeños talleres individuales o familiares, por lo general con herramientas rudimentarias.

Instrumentos musicales en las culturas prehispánicas

La música constituía un elemento cultural de gran importancia entre los diversos pueblos que florecieron antes de la llegada de los españoles en la extensa región llamada Mesoamérica. Los primeros españoles en tierras americanas, como Bernal Díaz del Castillo, compañero de armas de Hernán Cortés y los frailes Bernandino de Sahagún y Juan de Torquemada, describen algunas ceremonias aztecas destacando el empleo de numerosos instrumentos que por su carácter guerrero o religioso; llenaba a la vez de admiración debido a la habilidad a que eran reflejo de un espíritu bélico y pagano, de un mundo de creencias al que se oponían esos mismos españoles, en su afán de conquistar las nuevas tierras y convertir a sus habitantes al cristianismo.

El hecho es que, además de las inscripciones de los cronistas del siglo XVI, disponemos ahora de gran cantidad de documentos acerca de la riqueza musical de las antiguas culturas mexicanas, como son la maya, zapoteca y mixteca, por mencionar sólo algunas. Esa riqueza se desprende de los muchos instrumentos musicales hallados, así como de las representaciones de instrumentos y de músicos en pinturas murales, en figuras de barro cocido, en relieves y en los códices. Ciertamente, en el transcurso de varios miles de años de evolución cultural, en el México prehispánico hubo también infinidad de cambios en cuanto a los instrumentos de experimentación, de búsqueda y otros utilizados.

Probablemente, hubo momentos de experimentación, de búsqueda, y otros de auge y florecimiento; ciertamente, hubo períodos de decadencia. También es probable que haya habido ciertos grupos, ciertas localidades o ciertos individuos que destacaban por sus habilidades musicales, y también podemos suponer los hallazgos arqueológicos así lo confirman, que no todos los grupos utilizaron al mismo tiempo todos los instrumentos que hoy reunimos bajo el concepto de “instrumentos prehispánicos”.

Gran parte de los elementos decorativos eran en realidad símbolos religiosos; muchos instrumentos cumplían funciones bien definidas en las ceremonias, ya sea para llamar a la guerra, acompañar una ofrenda a un dios, celebrar una determinada fiesta o bien, encaminar a los difuntos en su largo viaje hacia la muerte. Así por ejemplo, el raspador de hueso se utiliza principalmente en el culto a los muertos, el caracol marino para iniciar ceremonias, el tambor vertical de parche para llamar a combate. Los hechos tienen gran importancia para entender la música mexicana de nuestros días, ya que los descendientes actuales de aquellas culturas prehispánicas conservan tradiciones que se remontan a esa función social- ritual de la música y de los instrumentos.

En seguida, presentamos los Idiófonos[1]. En este grupo entra el sinnúmero de sonajas hechas con los más diversos materiales y formas. Entre los idiófonos tiene importancia capital el teponaztli (tunkul para los mayas), tambor horizontal hecho de un solo tronco ahuecado que en nada ha cambiado en el transcurso de los últimos quinientos años. En Suchiapa (Chiapas) se usa una versión de más de un metro de longitud, aunque las más comunes son las versiones de 50 a 70 centímetros de largo, como las que se usan los huastecos en Veracruz y los conjuntos de Concheros en el centro del país. Con frecuencia la superficie se adorna con relieves tallados. Todos los grupos autóctonos utilizan algún tipo de sonaja; los materiales son vegetales propios de cada región –guajes, bules, jícaras, palma, madera–, pero también las hay de cuero y hasta de hojalata como la que se usa en Chiapas en la Danza de los Parachicos, y en el centro del país en las Danzas de Concheros.

El ayauhchicahuaztli, “sonaja o sonajas de niebla”, descrito como tabla con sonajas, procuraba mágicamente la lluvia en la fiesta de etzalcualiztli, “comida de maíz cocido”. En la fiesta de ochpaniztli, “barrido de caminos”, un sacerdote lo ejecutaba junto con un danzante y tres instrumentistas ante Xilonen, “la diosa del maíz tierno”. Con éste instrumento “llevan a Acatonal al Tlalocan”, dice el himno a Tláloc. En el Templo Mayor se localizó la punta roja de un ejemplar asociado con Xipe Tótec.

El teponaztli es un idiófono de golpe directo, hecho de un tronco de madera ahuecado, con dos lengüetas en la parte superior que forman una H en sentido longitudinal. Se tocaba con dos baquetas con punta de hule llamadas ólmaitl. El teponazoani lo ejecutaba de dos formas: sentado en el piso, colocaba el instrumento sobre un rodete de zacate o tule trenzado; de pie, lo colocaba sobre un soporte de madera con o sin rodete. Los mayas lo nombraron tunkul; los mixtecos, qhu; los zapotecas, nicàche; los otomíes, nobiuy; y los tarascos, cuiringua. Su elaboración evidencia conocimientos musicales que rebasan un nivel primario, ya que las dos lengüetas de ejemplares conservados producen sonidos afinados con intervalos musicales de segunda mayor, tercera mayor o menor, cuarta o quinta. Hay quince ejemplares en el Museo Nacional de Antropología, con apariencia zoomorfa y humana.

El teponaztli se tocaba en los honores que hacían los viejos, cantando y bailando, a los guerreros principales muertos en la guerra o capturados para el sacrificio, como el guerrero Huitznáhuatl en la derrota de los mexicas ante los tarascos. Marcaba el son de muchos cantos y danzas de la comunidad. Daba el nombre a una clase de cantos llamados teponazcuícatl, “canto al son del teponaztli”. Se utilizó como piedra de sacrificio de cautivos, después de una escaramuza en la fiesta de panquetzaliztli, “levantamiento de banderas”.

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[1] Es un instrumento musical que tiene sonido propio porque usa su cuerpo como materia resonadora, produce el sonido primariamente por la vibración del propio cuerpo, sin uso de cuerdas, membranas o columnas de aire.

3 comentarios sobre “El instrumento musical; objeto artesanal.

  1. De super luxe, interesante informacion sobre los instrumentos prehispánicos y sus sonidos, que hoy en día se encuentran en proceso de extinción, revolaremos lo nuestro.

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