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Desde tiempos prehispánicos, el Jaguar, científicamente conocido como Panthera Onca; Ocelotlen náhuatl; Balam, en maya, el más grande de los felinos en América, fue honrado por diversas civilizaciones mesoamericanas considerándolo como una de las especies más importantes dentro de su cosmovisión, principalmente en la Maya, la Azteca y la Olmeca, en donde se le rendía culto asociándolo a sus dioses, lo consideraban un animal “divino” y creían que tenía virtudes sobrenaturales. Su simbología ha sido representada a lo largo de los siglos en muy diversas formas en templos para su adoración, en la vestimenta de guerreros prehispánicos, en disfraces para sus celebraciones y danzas, es protagonista en todas las artes e incluso aparece en cuentos y leyendas. En nuestros días, se continua la ancestral veneración de esta singular especie en diferentes comunidades de nuestro México, donde se busca su preservación.

 

La cultura Maya le dio un gran significado al Jaguar, ya que podemos encontrar templos, esculturas y símbolos, el de mayor relevancia es el “trono del Jaguar rojo” que se encuentra en El Castillo, la gran pirámide de Chichén Itzá; lo vincularon a las prácticas chamánicas y con el poder político, incluso los reyes unían sus nombres con el calificativo de Jaguar; con el espacio nocturno e inframundo, donde creían que iban después de la muerte, siendo el Jaguar el protector, lo relacionaban con el dios del Sol Kinich Ahau; así mismo, con la agricultura y la fertilidad, con la destrucción y la muerte. Para los mayas, el Jaguar representaba el universo, creían que las estrellas habían sido grabadas como manchas en su piel.

 

En la mitología de los Aztecas y de los Mexicas, pensaban que el Jaguar representaba tanto la luz como la obscuridad, el cielo y la tierra. Muchas de las veces, sus madrigueras eran cuevas que los unían a la tierra y a la fertilidad. Era una figura muy frecuente con atributos de otros animales como aves y serpientes. La imagen poderosa de la deidad dual Tlaltecuhtli, (diosa-dios), paridora y devoradora de los seres humanos, algunas veces tenía garras de Jaguar. Simboliza el décimo cuarto día de cada mes en el calendario mexica, era el Sol del inframundo y el corazón del monte.

 

Además, los Aztecas consideraban al Jaguar como un símbolo de poder absoluto, valentía y arrojo; dentro de su estructura militar, asociaron las habilidades del felino a los soldados más profesionales, valientes y aclamados, llamándolos Guerreros-Jaguar, el honor más grande que podían recibir, pertenecían a la clase baja y eran los que formaban el frente de batalla.

 

En el caso de los Olmecas, (1200-400 a.C.)  el Jaguar formaba parte de su religión y su arte, las estatuillas eran representadas como deidades, mitad humano y mitad Jaguar y les llamaban Jaguares; los hombres eran pintados con rasgos felinos.

 

El Jaguar

 

Es el felino más grande de América, tiene rosetas en su piel, con patrón de un punto en el centro de cada una, que le sirven para camuflarse en su entorno; su cuerpo tiene agua que lo impermeabiliza para poder nadar, patas cortas y robustas, con uñas retractiles, pesa de 45 a 113 k, posee una visión nocturna espectacular, oído y olfato agudos, hábil e inteligente. Es un cazador carnívoro muy sigiloso, que utiliza la emboscada para atrapar a sus presas. Se alimenta de aves, peces, ciervos, primates, tortugas, así como de animales grandes como venados, tapires, capibaras, ciervos y muchos otros, entre 80 especies diferentes. El método que utiliza para matar es único, con sus colmillos penetra los huesos temporales del cráneo entre las orejas, llegándoles hasta el cerebro. 

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